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A Capote Reader: Lo Mejor de Truman Capote

viernes

Pasándome películas


Hace tiempo que no he escrito en mi blog. Nueve meses siendo preciso. Jeje, pensar que eso tardamos en promedio en ser gestados por nuestras madres. ¿Qué se escribe en un blog luego de tanto tiempo de tenerlo abandonado además de no tener certeza alguna de que alguien lo volverá a leer? Espero tener la respuesta en las próximas líneas y poder dar a luz algo que resucite este blog.
Una de las pocas cosas que disfruto hacer al máximo en mi tiempo libre, o incluso en mis otros tiempos, es observar una película. Esas que se proyectan en salas de cine en una pantalla gigante mientras comemos pop-corn, y que luego, en la actualidad, son traspasadas a formatos digitales como el DVD o su sucesor el Blu-ray Disc. También, pero según la voluntad de algunos, podemos tener acceso a una película en su versión 'pirata' adquirida ilegalmente por descarga de internet, o comprándola antes de su salida en los formatos oficiales e, incluso, antes de ser estrenadas en los mismos cines... ¿Cómo lo harán?
En fin, sea cual sea la forma de ver una película mi preocupación es tratar de disfrutarla lo más que pueda. Un conmovedor drama, una divertida comedia, una vibrante película de acción, una entretenida animación, una sorprendente fantasía, una futurística película de ciencia ficción, una desgarradora película bélica, una fiel película histórica, un impactante thriller, una atemorizante película de terror, una original película de cine arte, un inquisitivo documental, o incluso una excitante porno, me han presentado temas y llevado a lugares que de otra forma jamás hubiera experimentado: el espacio, el mundo submarino, mundos fantásticos, adaptaciones literarias, el pasado y el futuro. Esto es lo que yo comprendo como "la magia del cine". El séptimo arte. La expresión más moderna e internacional de las artes que desde que vivíamos en cavernas hemos tratado de compartir con los que convivimos. Expresar nuestras inquietudes respecto a lo que nos rodea: nuestros gobiernos, las sociedades, la naturaleza, nuestas alegrías y nuestros temores, las injusticias y nuestras miserias, así como nuestras bondades y fortalezas de manera visual y atractiva. Una manifestación de lo que somos como especie. Las características más importantes de las distintas razas del mundo han sido llevadas a una pantalla de cine. Nuestras verdades y mentiras nunca habían sido exhibidas tan abierta y espectacularmente antes de la aparición del cine. El cine. La última frontera de nuestra imaginación.

domingo

Correr a ti



Sé que cuando me miras
hay tanto que no ves.
Pero si sólo te tomaras el tiempo
sé que encontrarías en mi corazón
a alguien que se asusta a veces
y que no siempre es fuerte
¿Puedes ver el dolor en mí?
Me siento tan solo

Quiero correr a ti
Quiero correr a ti
¿No me tendrás en tus brazos
ni me mantendrás a salvo?
Quiero correr a ti
Pero si voy a ti
Dime, ¿te quedarás o arrancarás?

Cada día, cada día juego el rol
de alguien que tiene el control
Pero en la noche vuelvo a casa y meto la llave
No hay nadie ahí, nadie cuida de mí
¿Cuál es el sentido de encontrar tus sueños
sin tener a alguien para compartirlos?
Dime, ¿qué significa?

Quiero correr a ti
Quiero correr a ti
¿No me tendrás en tus brazos
ni me mantendrás a salvo?
Quiero correr a ti
Pero si voy a ti
Dime, ¿te quedarás o arrancarás?

Te necesito aquí.
Te necesito aquí para que limpies mis lágrimas.
Para besar mis miedos.
Si sólo supieras cuánto es que...

Quiero correr a ti
Quiero correr a ti
¿No me tendrás en tus brazos
ni me mantendrás a salvo?
Quiero correr a ti
Pero si voy a ti
Dime, ¿te quedarás o arrancarás?

jueves

Monólogo entre dos


VOZ NORMAL: No. No he pensado en quitarme la vida esta vez. ¿No podemos solo tener una conversación normal? Como esas que se tienen con los grandes amigos. He tenido tan pocas de esas que por lo mismo las atesoro todas... pero cada nuevo día las olvido un poco más.

Tengo miedo, ¿sabes?

RECITANDO: Miedo a olvidar las cosas que he atesorado. Miedo a olvidar las cosas que he hecho. Miedo a perder todo aquello que amo. Miedo a pensar que ninguno de mis sacrificios valdrán la pena. Miedo a ser olvidado... aunque suene egoísta. Miedo a seguir pensando las cosas que pienso. Miedo a fracasar... como siempre lo he tenido. Miedo a seguir sin tener alguien de carne y hueso con quien reír o llorar. Miedo a no saber si soy realmente capaz de amar y ser amado. Miedo a salir a la calle sin tener la seguridad de volver vivo. Miedo a creer que mis pensamientos simplemente se perderán en algún lugar de mi mente y nunca nadie podrá rescatarlos. Miedo a seguir creyendo que sólo existes en el inconsciente colectivo. Miedo a morir... y que más encima me juzgues.

GRITANDO: ¡Yo no sé si estás aquí conmigo escuchándome. No sé tu nombre, ni entiendo tu naturaleza. Menos aún entiendo lo que has planeado. ¿Este es el mundo que quisiste crear? Gracias por la molestia!

Tengo miedo, ¿sabes?

JADEANDO: Quiero sentir... pensar... saber... conocer... entender... amar... querer... pelear... reír... llorar... mirar... oír... oler... palpar... gritar... callar... comer... beber... cagar... crear... sin miedo.

VOZ NORMAL: No. No pretendo quitarme la vida. ¿Para qué? En una de esas así te doy en el gusto... ¿cómo saberlo? Me gusta creer que entiendo como eres. Que te conozco. Tan bien como pretendes conocerme a mí. ¿Puedes escribir sobre mí? ¿Piensas en mí?

Tengo miedo, ¿sabes?

GRITANDO: ¡De que esto sea todo. Simplemente todo. De que no te encuentre un día en la calle y poder sacarte la mierda... sólo para hacer algo diferente!

RIENDO: Oye, Dios... ¿ha valido la pena? ¿Acaso te importa mi opinión?

Tengo miedo, ¿sabes?... de creer que sí. Que toda esta mierda vale. Y de que al final, siempre lloramos... perdemos... morimos... cagados de miedo... pero siempre, siempre después de haber vivido creyendo que lo hicimos lo mejor que pudimos.

miércoles

Sir Hugh House


Buen día, visitantes.
Esta vez quise tomarme por primera vez la libertad de escribir acerca de alguien verdaderamente famoso.
Se trata ni más ni menos que del distinguido actor británico Hugh Laurie, más conocido como el doctor
House. La inspiración para escribir este post se la debo a la lectura que hice del artículo "El Talento Detrás Del Doctor House" realizado por Marcela Escobar de la revista Sábado de El Mercurio. ¿Y por qué? Porque sencillamente admiro mucho el trabajo dramático que ha hecho este señor al interpretar tan bien a este tan poco convencional médico.
A sus 48 años, James Hugh Calum Laurie es hoy por hoy uno de los actores de la pantalla chica estadounidense mejor pagados, gracias a los cerca de 300 mil dólares que recibe por cada capítulo grabado. Si pensamos que cada temporada tiene 24 capítulos... uff!!... ¿a quién no le gustaría ser Gregory House un ratito no más?
Pero de acuerdo a este artículo que leí, el actor no lo está pasando precisamente muy bien. La explicación es, al parecer, muy simple. Este oriundo de Oxford, Inglaterra, no sólo dejó atrás su título de Antropólogo del Selwyn College de Cambridge, sino que lo que más valora en su vida: su familia. Lo que lo tiene sumido en una fuerte depresión.
Las grabaciones de
Dr. House, que ya está presentando su cuarta temporada por el canal
Fox, en Santa Barbara, California, lo tienen muy alejado de su hogar en Londres, donde su esposa Jo Green y sus tres hijos, Charlie, Bill y Rebecca sin duda deben extrañarlo mucho y tienen que conformarse con verlo cada semana por la televisión... irónico, cojo y adicto al Vicodin.
Pero de acuerdo a datos que entrega
Wikipedia sobre el actor, los problemas depresivos han sido parte de su vida desde 1996, cuando se dio cuenta que tenía un problema. Ese año participó en un derby de demolición
para caridad, y se dio cuenta que en vez de sentir miedo o emoción por conducir entre autos que explotaban, sólo sentía aburrimiento. Laurie comentó después a una revista que "esa no era la respuesta apropiada ante autos que explotan". Desde entonces se controla regularmente su depresión clínica con un psicoterapeuta. Es más, ha reconocido que una vez probó el Vicodin como parte de su preparación para el rol de Gregory House.
Pero en fin. De todas formas Hugh Laurie es reconocido como un gran comediante en Inglaterra donde ha participado en varios shows televisivos, como "A Bit of Fry and Laurie", junto a su amigo Stephen Fry, quien reconoce a Laurie como "un músico brillante que toca piano y guitarra. Tiene una voz fantástica pero nunca canta. Todo, porque no quiere parecer un presumido". O dicho de otra forma, porque no quiere
parecerse al personaje que encarna brillantemente. Tan buen músico debe ser, que integra junto a otros actores la banda Band from TV que se presenta principalmente en actos de caridad.
Pero aunque le pese y no quiera reconocerlo, Hugh Laurie ha tocado el cielo con su interpretación del doctor más irónico, irreverente y menos convencional de todos los tiempos. Algo así como una especie de venganza por haber sido catalogado siempre como un actor de segunda o tercera clase, sólo útil para comedias de televisión. Y ha sido gracias a su trabajo, tremenda autocrítica, que lo hace muy parecido a House, y su perseverancia, que lo hace ver invencible ante su depresión, que ha logrado, por ejemplo, ganar durante dos años consecutivos el Globo de Oro como Mejor Actor Dramático de una Serie de Televisión y ser nombrado Caballero del Imperio Británico por sus servicios al género drámático, el 23 de mayo del presente año por la mismísima Reina Isabel II. Desde entonces, Sir Hugh Laurie se ha convertido en uno de los personajes más famosos y reconocidos en toda Gran Bretaña y, por qué no, en el mundo.
Agreguémosle un dato más. El año 2006, según la revista Life fue considerado el artista más versátil de todos los tiempos. Esto, porque no sólo se ha destacado en su papel del Jefe de la Unidad de Diagnósticos del Hospital Princeton-Plainsboro, sino también porque, como ya se mencionó, es un talentoso músico, escritor, productor e incluso director. Entre sus trabajos literarios se encuentran "Una Noche de Perros" y "The Paper Soldier".
Con tod
o este enorme talento, Hugh Laurie, tras algunas reconocidas apariciones en la pantalla grande en películas como "Sensatez y Sentimientos" y la saga de "Stuart Little", ha dado vida al médico que cojea producto de una necrosis muscular en su pierna derecha y que según él "Todos mienten". Es un doctor capaz de humillar a los tres doctores que tiene a cargo, no cree en lo que dicen sus pacientes, es capaz de robarle los remedios a un muerto y falsificar las recetas de sus colegas para conseguir droga. Un sarcástico insoportable, sin modales ni escrúpulos ni límites, que aún así se las arregla siempre para resolver con genialidad casos médicos muy difíciles.
El personaje, según el artículo del Sábado, está inspirado en Sherlock Holmes, "con quien comparte el perfil de adicto, la prepotencia, las virtudes musicales y hasta la misma dirección postal".
Así y todo, la insolencia de House parece ser su mayor virtud y defecto, mientras que Hugh Laurie opina que "paradójicamente, si hay algo que odio es la mala educación". De todas formas, el actor parece compartir con su personaje hasta las mismas depresiones y una faceta autodestructiva que se grafica perfecto en la siguiente frase de Laurie: "Soy razonablemente bueno en un montón de cosas pero no soy grandioso en nada todavía. Soy un escritor razonablemente bueno, pero no escribo como Martin Amis. Probablemente actúo mejor que Martin Amis, pero no tan bien como Kenneth Branagh, aunque toco el piano mejor que Kenneth Branagh".
No hay duda. Como toda persona brillante, Sir Hugh Laurie tiene su lado lunático... como Gregory House.

martes

Esclavos


Buen día, visitantes.
El día de hoy fue un día de reflexiones en la universidad. Y fue extraño. Se me olvida a veces que estoy estudiando una carrera humanista. Hoy sucedió eso en la clase de Cultura y Civilización de Estados Unidos. Por un rato, fuimos más humanos que nunca.
La clase de hoy giró en torno a la Guerra Civil que ocurrió entre 1861 y 1865 en la tierra de los tornados y el béisbol, donde los estados que existían en esa época estaban divididos en dos bandos: los del norte y los del sur. Los segundos simplemente querían convertirse en una nueva nación bajo el nombre de "Estados Confederados" porque se oponían a que los estados pertenecientes a la "Unión" quisieran a abolir la esclavitud en toda la nación. Y esto se explica porque la economía de los confederados dependía principalmente del tremendo esfuerzo de los esclavos de raza negra, tratados como herramientas, que trabajaban los campos de algodón, tabaco y arroz, mientras los terratenientes y aristócratas eran quienes disfrutaban de las ganancias. Todo esto mientras que sus vecinos de los estados del norte consideraban muy injusto el trato hacia estos seres humanos, que por el sólo hecho de ser de diferente etnia eran vejados y explotados. Y si a esto le sumamos la premisa que posee la constitución de los Estados Unidos que plantea que "todos los hombres nacemos iguales", entonces todo indicaba que no había otra solución más que el uso de fuerzas militares.
Cuento corto, Abraham Lincoln, candidato de los estados del norte resultó electo presidente y los del sur comenzaron a ponerse nerviosos, porque sabían claramente lo que se les venía. Tras la postura, ahora gubernamental de abolir la esclavitud, los del sur también radicalizaron su postura y así, un 12 de abril de 1861, las armas confederadas abrieron fuego en el Fuerte Sumter dando inicio a la guerra más sangrienta y violenta realizada en suelo estadounidense en la historia.
Esta guerra hizo famosos al General Lee y al General Grant, del sur y del norte respectivamente, siendo el segundo el que atrapó al primero obligándole a rendir su ejército sin más violencia para la nación norteamericana. El asunto este ocurrió en Appomattox un 9 de abril de 1865, a casi cuatro años exactos de comenzada la guerra.
El mismo año, y una vez reunificado el país como una sola nación, el Congreso ratificó la 13ª Enmienda a su Constitución que abolía definitivamente cualquier forma de esclavitud en suelo norteamericano. Un punto para Lincoln en la historia del mundo. El problema es que cuatro días después del término de la guerra que abolió la esclavitud, Lincoln sufrió el atentado que le costó la vida. ¿Humor negro?
Como sea toda esta información nos sirvió como grupo de estudiantes para, entre otras cosas, discutir sobre qué asuntos nosotros nos mostramos prejuiciosos o de plano racistas. Hubo muchas respuestas simpáticas. Algunas bastante fuertes y sorprendentes. Pero la conclusión fue la misma: nada se compara a lo que significó traficar personas con el simple fin de volverse más ricos a costa de su trabajo.
Y ustedes, ¿qué harían si sus vidas tuvieran precio?, ¿cuántas veces al día tenemos sentimientos racistas o somos en extremo prejuiciosos?, ¿somos realmente mejores por ser de otro color?,
¿en qué ha mutado la esclavitud en estos tiempos?, ¿en trabajos de más de 12 horas?
... por fin pude redactar algo nuevo en mi blog... espero que no pase mucho tiempo antes de pensar en otro.

Un viaje en Metro

(Hoy que andar en Metro es toda una experiencia religiosa y más emocionante que el Splash de Fantasilandia, republico esta historia diferente... que ocurrió en el Metro)

Hoy viajé en el tren subterráneo metropolitano, o Metro.
Hace dieciséis años comencé a utilizar este masivo medio de transporte. Y desde entonces lo que más admiro de él es la tremenda biodiversidad de seres humanos que uno puede llegar a conocer en uno de esos trenes celestes.
Al recordar esto, se vienen a mi mente imágenes de personas de todos colores, formas y texturas. Bebés, niños, adolescentes, adultos (de los jóvenes y de los otros) y ancianos se dan cita diariamente y a cualquier hora en estas cuncunas mecánicas.
La mayoría del tiempo he viajado solo en Metro. “Solo” queriendo decir sin nadie conocido. Porque andar solo en Metro es casi imposible. A menos que sea domingo en la tarde, y de preferencia verano.
Fue en un domingo como ese, hace unos años atrás, que me ocurrió algo en el Metro.
Me había comprometido a acompañar a un primo a comprarse ropa. A un mall, el único lugar con variedad de servicios una tarde de domingo veraniego. Pero nunca llegué.
Por esos años yo vivía en un sector de la comuna de Santiago. Y paradójicamente, a escasos pasos de una estación de Metro. Era por esta razón que tanto yo como mi familia utilizábamos este medio para movilizarnos por la ciudad.
El lugar adonde debía llegar estaba a sólo tres estaciones de distancia. Incluso atrasándome jamás tardaría más de veinte minutos. Pero nunca llegué.
Caminé por las desocupadas calles que separaban mi casa de la estación. Recuerdo perfectamente que era una tarde muy calurosa. Caminaba con la seguridad propia de alguien que sale de su hogar y confía inconscientemente en que volverá tal cual como salió. Yo salí a encontrarme con un primo, pero terminé encontrándome con una lección de vida.
Llegué a la estación. Compré mi boleto blanco con el logo “Metro” en él y una huincha electromagnética justo en el medio. Por primera vez el cajero de turno me deseaba un buen viaje. Lo encontré un gesto de cortesía. Luego lo recordaría como el gesto más irónico que me han dado en la vida.
Deposité el boleto en la ranura del torniquete. Acto seguido, éste me dejó pasar. Miré el reloj electrónico junto a la ranura y pensé que llegaría unos minutos antes a la cita con mi primo. Pero nunca llegué.
Bajé la escalera hacia el andén por donde pasaría en cualquier momento el tren con dirección norte. Era la única alma que esperaba que ocurriese algo en ese andén. Y cuando anhelaba ver a alguien en el andén de enfrente, me sentí aún más solo. A lo lejos escuché el inconfundible sonido del tren. Pocos segundos después se detenía para ofrecer su servicio. Se abrieron las puertas y pude confirmar la teoría del “Metro desocupado un domingo de verano por la tarde”.
Además del chofer, parecía ser el único ser humano que ocupaba algún lugar en ese monstruo mecánico. Las puertas se cerraron tras el tradicional timbre de advertencia. Comenzó a andar. Y no sé si sólo seré yo o todos quienes hemos andado alguna vez en Metro, pero llega un determinado momento en el viaje durante el cual no sabemos qué o hacia dónde mirar. Por mi parte yo miraba como siempre la publicidad que se encuentra en la parte superior de los carros. Universidades, productos comestibles, entre otros trataban de llamar la atención de los pasajeros, pero un domingo por la tarde y en pleno verano, no lograban su objetivo… a excepción, claro, de mí.
El tren se detuvo en la siguiente estación. Estaba a sólo dos estaciones de mi destino. Pero nunca llegué. Y fue por el hecho de haberse detenido en esa estación que este supuesto viaje de domingo veraniego por la tarde en Metro, jamás llegaría a su destino inicial.
La estación en cuestión era una de esas estaciones del Metro denominadas “de combinación” y que siempre son anunciadas por el chofer a través de los altoparlantes, para que así la gente que quizás viaja por primera vez o gente incapacitada o simplemente la gente que se burla de esa vocecita esté al tanto.
Fue aquí donde subió una mujer de unos treinta años aproximadamente junto a un niño de no más de diez. Ella vestía un vestido floreado de una pieza confeccionado con tela ligera, atuendo típico en la época estival. Era una mujer de rasgos tristes o de mucho trabajo. Uno acostumbra ver ese tipo de rasgos en cualquier individuo un viernes por la tarde cuando la jornada semanal de trabajo ya ha concluido, pero distinguirlos en una mujer un día domingo veraniego por la tarde y en el Metro, es algo muy curioso por decir lo menos. El niño, al contrario, era uno de esos niños mega-ultra-hiperactivos.
Sólo dos estaciones me separaban de mi destino. Pero todo transcurrió tan rápido que ya no me preocupé del destino.
La mujer, a quien luego identifiqué como la madre del niño, de pronto comenzó a sudar demasiado rápido, mientras el niño miraba fascinado por la ventanilla al exterior. Sólo unos treinta segundos después, la mujer yacía en el suelo totalmente inconsciente junto a los asientos color naranja del carro.
Lo único que recuerdo claramente fue el grito del niño: “¡Mamá!”
Fue un grito tan claro, tan fuerte, tan limpio y tan lleno de pánico que volteé en seguida. El pánico de aquel grito fue transmitido en forma inmediata a todo mi cuerpo. Lleno de pánico, atiné a correr junto al niño y junto a un cuerpo inerte de una mujer, que hace sólo un minuto se había subido con él, sólo con un gesto de agotamiento en su rostro.
Ahí me quedé en silencio. Pálido quizás. Lo único que hice fue acercar al niño a mis piernas para que siguiera llorando en ellas...
Las puertas se abrieron en la siguiente estación. No reaccioné. El llanto del niño sólo fue opacado por el timbre del cierre de puertas del carro. Seguimos andando a la siguiente y última estación. Éramos un niño desconsolado y muy asustado, el cuerpo de su madre muerta sorpresiva e inesperadamente y yo, un tipo que sólo había salido una tarde de domingo en verano a juntarse con un primo a comprar ropa.
Durante el último trayecto, pensé en muchas cosas. Principalmente en la muerte, claro está. Pero también pensé en la vida. En la vida de un niño que en menos de treinta segundos, se había quedado solo.
Se abrieron las puertas en la última estación tras escuchar el anuncio del chofer que indicaba que todos debían descender. Junto al niño, ignoramos todo eso.
El cuerpo muerto de una mujer fue hallado junto a un niño y un joven que lloraban en un
carro del Metro.
La muerte de la mujer fue atribuida a un infarto fulminante, herencia genética de su padre.
El niño hallado junto a la mujer, fue trasladado a un hogar de menores mantenido por el Estado. No se encontró a ningún familiar conocido.
El joven que lloraba pensando en la vida y la muerte, nunca llegó a reunirse con su primo para comprar ropa aquella tarde de domingo en verano.
Desde entonces, gracias a un fatídico viaje en Metro y el llanto desconsolado de un huérfano, comencé a ver la vida con otros ojos.
Cuando llegué a casa, tras todo lo que tuve que declarar a la policía y tras todo lo ocurrido, abracé muy fuerte a mi madre y le dije lo mucho que la quería.

jueves

La historia de Ariel


Lugar: un dormitorio de 3x4 mts.

Para entender esta historia, primero debo contarles acerca de Ariel.
Ariel es un chico de esos que podrían ser denominados como normales. Con sus 16 años es un chico lleno de vida y trata de vivirla lo mejor que puede en el día a día. Es un chico sano sin más vicios que hacer deportes y conocer chicas. Tiene una hermosa familia que siempre lo ha apoyado en todo. Y si a eso le sumamos que Ariel tiene muchos amigos que lo estiman y respetan mucho, entonces podríamos decir con justa razón que la vida de Ariel cae dentro del rango de lo normal.

Tiempo: algún momento entre las 12 de la noche y las 6 de la madrugada.

Eso sí, debo aclarar algo. Todo lo que he escrito referente a Ariel contiene un error. Un error cometido a propósito y que es de índole gramatical. Ariel no
es un chico normal, sino que era un chico normal.
Un día, lamentablemente para Ariel, las cosas en su vida dieron un giro drástico. Algo no salió como él esperaba. Algo que ni él ni sus padres ni sus amigos podrían haber evitado. Ariel pasó por algo que quizás a muchos de nosotros nos ha ocurrido. La vida o el destino o quizás Dios le jugaron una mala pasada a Ariel. La verdad es que no recuerdo bien el hecho puntual que cambió para siempre la vida de Ariel y la de todos los que lo conocían. ¿Mencioné que era sano? Pues lo era. Nunca había probado una ínfima gota de alcohol, por ejemplo. Pero después de eso, Ariel se nos descarriló. Y en su desesperación, un día encerrado en su dormitorio de 3x4 mts. en algún momento de la madrugada entre las 12 y las 6, Ariel tomó una decisión muy fuerte.

Tema: a veces la vida nos demuestra que hay cosas que simplemente no podemos controlar. Cosas injustas, horribles, miserables e ilógicas, pero que ocurren.

Ariel fue hallado muerto a eso de las 7 de la mañana por su padre, quien iba saliendo a un día más de trabajo. El dolor familiar fue tremendo. Único hijo y un joven con todo un futuro por delante había tomado una decisión muy fuerte. Tonta, extrema, inútil, pero muy fuerte. Su cuerpo yacía junto a un charco de un líquido que expedía un olor muy fuerte a los pies de su cama en su dormitorio. Luego, los exámenes de rigor indicaron que Ariel se había bebido la mitad del contenido original de esa botella y que eso había bastado para provocarle una intoxicación y envenanamiento de la sangre. No era alcohol, por si acaso, no se asusten. El líquido era cloro común.

Pregunta: ¿Qué mierda puede ocurrir en nuestras vidas que nos obliguen a cambiar tan drásticamente y a decidir algo tan fulminante como lo que le pasó a Ariel? ¿Qué cosas nos hacen perder la puta esperanza?
    Puede ser que quede
    un solo instante o una eternidad
    no sabes lo que tienes por andar
    el tiempo lo dirá.
    Puede ser que todo lo que sueñes
    se haga realidad
    que un segundo en el camino pueda más
    que una vida entera en la oscuridad
    Ven, déjate llevar por el corazón
    no te rindas nunca y ya verás.
    Lejos llegarás, si te falta fuerza en el camino
    sabes bien que contarás conmigo.
    Dime lo que quieres, dime lo que piensas,
    dime lo que sientes cuando lo sientas.
    Dime lo que sientas y no te arrepientas.
    Dime que tú puedes, dime que tú sueñas, no te desesperes cuando te pierdas.
    Dime que lo intentas y no te arrepentirás
    Cada vez que pierdas la partida
    juega una vez más.
    Recuerda que la herida sanará,
    atrévete y verás.
    Cada vez que sientas que la vida
    te ha dejado atrás
    no olvides que aún hay tiempo
    para despertar
    un nuevo sentimiento
    grande como el mar.
    Ven, déjate llevar por el corazón
    no te rindas nunca y ya verás.
    Lejos llegarás, si te falta fuerza en el camino
    sabes bien que contarás conmigo.
    Dime lo que quieres, dime lo que piensas,
    dime lo que sientes cuando lo sientas.
    Dime lo que sientas y no te arrepientas.
    Dime que tú puedes, dime que tú sueñas, no te desesperes cuando te pierdas.
    Dime que lo intentas y no te arrepentirás
    Cada golpe del destino
    cada amigo que se va
    deja huellas que ni el tiempo borrará.
    Cada paso en el camino
    nos acerca un poco más
    a ese sueño que algún dí­a llegará.
    Ven, déjate llevar por el corazón
    no te rindas nunca y ya verás.
    Lejos llegarás, si te falta fuerza en el camino
    sabes bien que contarás conmigo.
    Dime lo que quieres, dime lo que piensas,
    dime lo que sientes cuando lo sientas.
    Dime lo que sientas y no te arrepientas.
    Dime que tú puedes, dime que tú sueñas, no te desesperes cuando te pierdas.
    Dime que lo intentas y no te arrepentirás